Cliente y razón no siempre van de la mano…

‘El cliente siempre tiene la razón’. Al escuchar una afirmación tan atrevida, puedo asegurar dos cosas sin miedo a equivocarme. La primera: el ‘propietario intelectual’ de esta frase era un cliente. La segunda: el cliente siempre tiene la razón, hasta que deja de tenerla…

Como ya te he contado en otras entradas, mi primer trabajo fuera del negocio familiar (Pub Límite en Camuñas) fue en La Castellana, el local que ahora se llama La Flor de Malta, en Toledo. Yo tenía 17 años y, obviamente, el respeto que imponía a la mayoría de clientes era mínimo. Así, a lo largo de dos veranos, fueron numerosos y variados los momentos ‘curiosos‘ que compartí con algunas de las personas que por allí pasaron…

El hielo está por las nubes...Al primero que siempre recuerdo es un caballero que, para mayor delito, era docente (muy similar en actitud al Sr. Capullo y sus huevos de corral…). El susodicho rondaría los 50 años y vino al local acompañado de 12 veinteañeros, alumnos suyos en un taller. El sujeto en cuestión hizo todo lo posible por demostrar a sus pupilos que allí era él quien tenía los huevos más grandes. ¿La forma de hacerlo? Desprecios y mofas constantes al camarero durante toda la noche… Así de triste es la vida de algunos. No obstante, el punto álgido de la desvergüenza llegó a la hora de pagar:

– Sr. SoyElMachoAlfaYTengoQueDemostrarlo: ‘Niño, trae la cuenta y hazme una factura…’
Yo: (Refiriéndome a si ponía en la factura una cena o 13 cenas…) ‘¿Qué quiere que le ponga en ella…?’
– Sr. SoyElMachoAlfaYTengoQueDemostrarlo: ‘¡Qué gilipollas…! ¿Qué vas a poner…? Pues un reloj… ¡no te jode!’

Como se suele decir, cuando el sabio señala el cielo, el tonto se queda mirando el dedo. Este personaje ni siquiera miraba el dedo del sabio, más bien lo buscaba en su propio ombligo…

Días más tarde (quiero recordar que fue la semana siguiente), y cuando pensaba que había cubierto el cupo de capullos por un tiempo, apareció un tipo entrañable y familiar donde los haya: el Sr. QuieroHacerVerAMisAmigosQueTengoCojones. En esta ocasión, el susodicho estaba acompañado de su mujer, otra pareja y cuatro niños, dos por familia.

Los ocho comensales, a pesar de llegar relativamente pronto, se tomaron la cena con una tranquilidad pasmosa. Hasta tal punto, que se fueron todas la mesas y ellos seguían en la terraza. Obviamente, como manda la normativa, a una hora determinada hay que recoger, para no molestar a los vecinos.

Yo: ‘Disculpen, en media hora tenemos que tener la terraza recogida… ¿van a tomar algo más?’
– Sr. QuieroHacerVerAMisAmigosQueTengoCojones: ‘La terraza se cerrará cuando nosotros nos vayamos… No queremos nada, sólo que no nos molestes más…’

Dixieland...La salida de tono no estaba justificada, pues el trato había sido correcto por ambas partes durante toda la noche. Así que, con la cara de tonto que se me quedó, me dispuse a recoger el resto de mesas y limpiar la terraza. Media hora más tarde, allí seguían las dos familias, arreglando el mundo. No obstante, me percaté que el mi ‘amigo’ estaba más pendiente de su reloj que de la conversación. El motivo era tan despreciable como infantil, pues un minuto antes del toque de queda…

Sr. QuieroHacerVerAMisAmigosQueTengoCojones: ‘Campeón… tráeme un café con hielo…’ (Sí, me llamó campeón… Muy macho dominante todo, ¿verdad?)
Yo: ‘Disculpe, voy a hablar con el encargado porque la terraza ya debería estar recogida…’
– Sr. QuieroHacerVerAMisAmigosQueTengoCojones: ‘Nada de eso, quedan 30 segundos para la hora que dijiste…’
Yo: ‘Lo sé caballero, pero entre que traigo el café, se van y recojo la mesa, ya se habrían pasado… Si quieren, pueden pasar al interior y tomar allí el café…’
– Sr. QuieroHacerVerAMisAmigosQueTengoCojones: ‘Pues cuanto más tardes en traer el café, más tarde vas a recoger esta noche…’

Tras esta sentencia, digna de diplomático internacional, miré a sus tres acompañantes adultos, buscando algún aliado en esta cruzada sin sentido. Todos ellos agacharon la cabeza, avergonzados, pero ninguno fue capaz de frenar la charada de su ‘líder espiritual’. Así que me di la vuelta y fui a hablar con el encargado, quien me dijo que les ofreciese entrar en el local (gran idea, ¿verdad?). Tras cinco minutos de charla y varias negativas por su parte a salir y decirles algo, me tocó volver al ring

Yo: ‘Caballero, lo siento, pero el encargado no me deja servir más en la terraza…’
– Sr. QuieroHacerVerAMisAmigosQueTengoCojones: ‘En lo que has estado perdiendo el tiempo con tu jefe, podrías haber traído el café, me lo habría tomado y ya nos habríamos ido… Ahora me voy a quedar aquí hasta que me salga de los cojones…’
Yo: ‘Como usted quiera…’

No había aparatos como éste...Viendo que intentar razonar con él, sólo llevaba a enquistar más la situación, decidí alejarme y confiar en que el sentido común y la vergüenza emergieran en algún miembro del grupo. Me metí en el local y esperé. Efectivamente, a los pocos minutos, y tras una reprimenda de su mujer, el protagonista de la noche me hizo la famosa señal de ‘Niño, la cuenta…

Como era de esperar, tenía que queda por encima, como el aceite, y no pudo resistirse a abandonar el local sin dejar su pildorita:

– Sr. QuieroHacerVerAMisAmigosQueTengoCojones: ‘No tienes ni idea de quién soy… Voy a hablar con todos mis contactos para que no venga nadie más a este bar de mierda. Y si puedo, haré que os lo cierren…’ (En la actualidad, esta amenaza sería algo como ‘Voy a criticarte en Facebook y Twitter…’)
Yo: ‘Buenas noches y muchas gracias…’
– Sr. QuieroHacerVerAMisAmigosQueTengoCojones: ‘Encima te cachondeas… no vas a volver a trabajar en tu vida’ (si me viera ahora, se descojonaría…)

Obviamente, ni son todos los que están, ni están todos los que son. En una década como camarero, he tenido clientes de todo tipo, y reservo historias que te van a hacer sonrojar… pero ‘eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión’.

De momento, te dejo mi propia moraleja del encuentro con estos dos caballeros: El cliente siempre tiene la razón es la mayor mentira que jamás se ha contado en el mundo empresarial…

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Autor: Jesús Redondo Consuegra
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12 pensamientos en “Cliente y razón no siempre van de la mano…

  1. Si estamos de confidencias, de contaré una mía, una vez un cliente me reclamo tres céntimos de peseta que eran suyos, y el empleado (que no era de los de DIA) y tampoco los céntimos de euros son los de la peseta, una vez que le pedí disculpas como encargada y darle los 0,03cts. o sea tres mini monedas, me las arrojo por encima del mostrador a la cara. El gusto se le salio barato.
    Tiene el cliente además de la razón, el derecho a perder la compostura demostrando superioridad ante un empleado sea cual sea el gremio?

  2. Me ha gustado lo de si estamos de confidencias, por el hecho de que yo llevo 96 posts y un año de confidencias…

    Por lo demás, totalmente de acuerdo en que el ‘título’ de cliente no te da derecho a perder los modales, el respeto, ni la educación con quien te esté prestando el servicio pertinente. Ahora, lo de tirarte las monedas a la cara es de ser tonto…

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  9. Vaaaaaaya con algunas personas que màs valdría que no saliesen de casa! Este tipo de descaro y “violencia” gratuita me hiere la sensibilidad…la verdad. Nunca he entendido la “mala leche” sin venir a cuento y que se trate a alguien mal…me da pena y me indigna no sabes cuanto…suerte que sabes estar en tu sitio

  10. Pues no creas que siempre sé estar en mi sitio, pero hay veces que tienes que callarte porque estás en el trabajo! Eso sí, lo de la gente con mala follá gratuita es de difícil solución. Ha habido, hay y habrá toda la vida!

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