De barras libres, dedos de vodka y dientes rotos…

Clienta: (Borracha no, lo siguiente…) ¿Me pones un vodka con naranja…? Pero sólo un dedo…
Yo: Vale… ¿y luego te pongo el cubata…?

Desde que terminé la frase, hasta que la chica, a pesar de su embriaguez, reaccionó, pasaron no más de tres segundos. Han sido de los más largos y tensos de mi vida. Su cara de perplejidad me dejó completamente descolocado y aumentó mis pulsaciones hasta casi hacer salir mi corazón por la boca…

Para contextualizar la situación, te diré que eran altas horas de la madrugada, de la barra libre de una boda en el Hotel Hesperia Madrid, donde yo trabajaba de camarero. La clienta me había buscado para pedir cada una de las 73 copas que se había tomado, por lo que ya habíamos charlado y bromeado antes, lo que propició que me viniera arriba. Por suerte, tras esos tres fatídicos segundos, se echó a reír ruborizada. Yo, aunque lo intenté, no pude. Seguía con los huevos en la garganta, aunque en ese momento ya me permitían respirar…

Foto: hesperia.esComo muchos sabéis, antes de cocinero, he sido fraile. Esto es, antes que periodista, he sido camarero muchos años. Obviamente, en un entorno donde el alcohol es una variable constante, son ‘cienes y cienes’ las anécdotas que he podido vivir en riguroso directo. No obstante, de todas ellas, hay una que nunca olvidaré porque tuvo de todo. Risas, llantos, momentos bizarros y varias piezas dentales tiradas por el suelo…

Acababa de empezar a trabajar en el Restaurante Samarkanda y era una de las primeras barras libres a las que me quedaba. Junto a mí, el típico compañero que parece sacado de ‘Proyecto Hombre‘, pero en este caso sí que había estado en ‘Proyecto Hombre’. El único problema es que no había superado ninguno de sus vicios, por lo que a la media hora de barra libre, era el que peor iba. Su estado, unido a su asombroso parecido físico con Gollum, acojonaba a quien no le conociera, así que decidimos dejarle en el vestuario, ‘durmiendo la mona’.

La sorpresa llegó cuando descubrimos que ni se fue a descansar, ni se fue solo. Una de las invitadas, muy perjudicada, decidió bajarse con él. A pesar de no ser muy agraciada (ella misma lo reconocía), no quiso que nadie la viera con nuestro compañero porque “es muy feo y me da vergüenza que me vean con él…“, nos confesó mientras salía a hurtadillas del salón. El alcohol hace extraños compañeros de viaje, pero estos dos eran de documental.

Hasta ahí, todo normal. La barra libre terminó, la gente se fue del restaurante y cuando teníamos todo recogido, bajamos a despertar al ‘vividor-follador‘, contando con que ya estaría solo. Error. Se habían quedado dormidos, abrazados. La primera reflexión, previa a romper el momento ‘tortolitos‘ era obvia: ‘¿Nadie ha echado de menos a esta muchacha en dos horas?’.

Independientemente de la popularidad de la joven ebria, era tarde, queríamos cerrar e irnos a dormir, así que les despertamos. Si la cara de la chica era de bochorno cuando se escapó del salón, ni te imaginas la que puso cuando fue consciente de lo que había hecho. La suerte de nuestro compañero es que iba tan perjudicado, que no vio la cara de asco que ésta puso cuando le miró por primera vez tras desperezarse.

Afortunadamente, el karma, y su teoría del balance universal, estaba allí para vengarse de la joven y su desprecio a nuestro compañero. Eso sí, en esta ocasión reconozco que se le fue un poco de las manos. Y es que, con las prisas, el agobio y la vergüenza del momento, la chica salió corriendo como pudo, con tan mala suerte de pisarse su propio vestido y caerse de boca, justo delante de la puerta. Lo siguiente que recuerdo fue ver tres trozos de dientes en el suelo, el labio inferior de la chica ensangrentado y una voz entrecortada que decía:

Karma Girl: “No, los dientes no, que es lo único bonito que tengo…”

Por suerte para ella, algunos de los invitados aún estaban en el aparcamiento al que daba la puerta de servicio y se la llevaron a Urgencias. Mientras, nuestro compañero se había vuelto a dormir y no se había enterado de nada. Quien dijera que el amor es ciego, no se imagina cuanta razón tenía…

Moraleja: Mucho cuidado con las noches ‘arDientes‘…

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Ronda Musical…

Hay canciones que por muchas que las escuches, siempre consiguen estremecerte. Es el caso de este mítico tema de ‘Meat Loaf‘, incluido en su álbum ‘Bat out of hell: back into the hell‘ (1993). Fue número uno en 28 países, volvió a situar al artista en lo más alto del panorama musical y le valió un Grammy. Por si fuera poco, Michael Bay dirigió el espectacular videoclip, en el que mezcla las historias de ‘La Bella y La Bestia‘ y ‘El fantasma de la ópera‘.

Autor: Jesús Redondo Consuegra

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17 pensamientos en “De barras libres, dedos de vodka y dientes rotos…

  1. Dios mio lo que hace el alcohol!!! no es lo malo tener lagunas, es peor un mal despertar sola con resaca y mucho peor con resaca y mal acompañada.

  2. De hecho, es mucho peor despertar con resaca, mal acompañada y sin diente… Cuando crees que la situación no puede ir a peor… zas, en toda la boca!

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