De bingos, primas y Días de la Madre…

El día de mi 18º cumpleaños, un miércoles para más señas, llegó mi madre a casa y dijo: ‘Hoy te voy a llevar a un sitio al que no has ido nunca…‘ Por muy misterioso que sonara, tenía claro que sólo había dos opciones: o me llevaba de putas, o me llevaba al bingo. Obviamente, la opción escogida fue la B (la opción P nunca entró en sus quinielas). Lo que mi madre no sabía, al menos hasta ese momento, es que en los juegos de azar, su hijo era algo desafortunado

Bingo

Todavía recuerdo la frase lapidaria de mi progenitora, antes de entrar en la única sala que había en Toledo: ‘La gente que se estrena siempre canta algo…’, me dijo en tono amenazante. ‘Pues los estadistas del sector van a flipar conmigo…’, pensé mientras tragaba saliva. Efectivamente. Dos horas más tarde, salíamos del bingo en el más absoluto silencio. El cartón que más cerca estuve de cantar, me quedé a tres números. Lamentable.

Bingo en la feria...A pesar de la decepción, repetimos experiencia varias ocasiones en años posteriores. El único bingo que canté, para colmo compartido, fue en un puesto de la Feria de Consuegra. Un despertador ‘última generación’ me llevé para casa.

Pero como no hay mal que cien años dure, un día, sólo uno, la suerte me sonrió en el juego.

Ocurrió el Día de la Madre de 2007, domingo (como siempre), en el Bingo por excelencia de Madrid: el Canoe. Todavía se podía fumar en los locales cerrados y aún vivíamos por encima de nuestras posibilidades, así que la sala estaba a reventar. Por suerte, encontramos una mesa en la que pudimos sentarnos las cinco personas que íbamos. Justo a nuestro lado, estaba la zona de los ordenadores, para la gente que juega demasiados cartones como para revisarlos de forma manual (meten los números de serie, y el ordenador juega por ellos). Algunos se dejaban 200 euros por jugada, a pesar de que no podían usar el rotulador para tachar… ¿Qué gracia tiene ir al bingo, si no puedes colorear…?

Lo cierto es que a las pocas partidas de entrar, la prima alcanzó sus 1.000 euros pertinentes, y nos dispusimos a jugar la típica partida con bote. Con este incentivo y la habitual compra masiva de cartones, el bingo alcanzó un premio de 4.700 euros. Un señor dinero.

Comenzó la jugada, y a las nueve bolas una señora cantó línea. Algo muy frustrante cuando tú no has estrenado el cartón. Pero, como ya he dicho antes, ese día la suerte estaba de nuestro lado (cosa rara). Tuvimos que esperar a que salieran 49 bolas, pero el sufrimiento mereció la pena. Uno de los cinco cantó el bingo con prima y, en tan sólo 10 segundos, experimentamos tres sentimientos extremos. Tres primeros segundos de euforia por el premio; cuatro segundos siguientes, con miedo por las miradas de odio del resto de jugadores; y tres últimos segundos de pánico, por si alguien nos esperaba en la calle para robarnos… La falta de costumbre, supongo.

Obviamente, la euforia volvió a nuestros cuerpos, cuando el ‘bandejero‘ vino con los 4.700 euros en metálico. Los ojos nos brillaban como a un niño pequeño con un juguete nuevo. Lo mejor de todo, es que mientras el señor contaba el dinero para nosotros, las partidas seguían y, cosas de la vida, volvimos a cantar otro bingo. En esta ocasión era una partida normal, por lo que el premio se quedó en 1.300 euros que, sumados a lo ya ganado, suponían 6.000 euros. Un ‘kilo‘. Esto es, 1.200 euros por cabeza.

Lo bueno de no ser afortunado en el juego, es que sabes retirarte a tiempo. Así, nada más recoger la segunda bandeja, levantamos el campamento y nos dispusimos a salir. Recuerdo el tramo de la mesa a la puerta, como una de las experiencias más inquietantes de mi vida. Todo el mundo mirando con ojos de rencor; la sensación de que cualquiera, hasta la típica abuela binguera nonagenaria, podría atracarnos. Obviamente, no pasó nada, pero el mal rato nos lo llevamos puesto…

Una vez fuera, llegó el auténtico subidón. Abrazos, risas, comentarios sobre los ‘mejores momentos’ de sendos cantes… y un compromiso: el de juntarnos en los años venideros, el Día de la Madre, los mismos protagonistas, para intentar reeditar la hazaña.

Lo creas o no, ‘Los Cinco de la Prima‘ no volvimos a quedar nunca más. Ni siquiera al año siguiente. Y es que, por si no lo recuerdas, lo bueno de no ser afortunado en el juego, es que sabes retirarte a tiempo… y sé que cuando la suerte vuelva a sonreírme, no me encontrará con un cartón de bingo entre las manos…

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Autor: Jesús Redondo Consuegra
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3 pensamientos en “De bingos, primas y Días de la Madre…

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