No hay huevos… de gallina…

Cuando empecé a trabajar de camarero (esto se remonta ya al siglo pasado), más de uno me decía: ‘Verás lo que vas a ligar…‘. Al menos en mi caso, es la mayor mentira que me han contado. Eso sí, de haberme advertido: ‘Te vas a encontrar con los capullos más grandes de toda España’, ‘la gente más rara que puedas imaginar’ o, simplemente, ‘vas a flipar…’, ahora mismo les daría toda la razón.

Y es que, partiendo de la base de que mi radio de acción laboral detrás de una barra se limita a Toledo, Madrid y un mes en Lanzarote (en un resort de lujo, pero familiar en ese momento), no quiero pensar lo que habrán visto algunos camareros en otros puntos de mayor desfase. No obstante, es de ley reconocer que el cliente tipo que por lo general me la ha liado, no era especialmente joven. Al contrario, en el caso del Sr. Capullo, tuve claro desde el principio que actuó como su propio nombre indica porque yo tenía 18 años.

Situación: Estaba montando la terraza de La Castellana (sí, donde me pidieron la ración de bravas a 41º), en Toledo, cuando llegó un matrimonio, de unos 40 años ambos, con sus dos hijas (5 y 7, año arriba, año abajo). Las cosas como son, tenían pinta de estirados, tanto en sus formas como, sobre todo, en la vestimenta de las niñas, fusionando barroco y repollo, todo en uno. Así que, intenté mantener un tono más educado del habitual:

Yo: Buenas noches, ¿qué van a tomar? (Nota aclaratoria 1: Yo nunca llamaba de usted a los clientes en ese bar…)
Sr. Capullo: Queríamos tal y tal y Pascual… y a la niña, ¿le podría hacer una tortilla?
Yo:  Lo siento señor, pero no tenemos huevos… ¡de gallina!

Ante el inquietante, incómodo e inesperado silencio en el que derivó la palabra huevos, acompañado de una mirada desafiante del ‘pater familias‘, me apresuré a aclarar mi afirmación, por si las moscas. No obstante, esos dos segundos se me hicieron eternos.

Ahí quedó la cosa, por lo que me fui a la barra, a por las bebidas, las llevé hasta la mesa y las serví. Toda esta operación, acompañada de un mutismo que me tenía completamente desorientado. Un silencio que se rompió cuando el Sr. Capullo decidió exponer el por qué de su apodo en este post:

Sr. Capullo: Perdona, pero esa respuesta no me vale… Anula todo lo que hemos pedido y tráeme la hoja de reclamaciones…
Yo: (Póker Face + WTF): ¿Disculpe…?
Sr. Capullo: Lo de los huevos, no me ha parecido una respuesta adecuada… y menos con menores delante…
Yo: (Póker Face + WTF): ¿Disculpe…?
Sr. Capullo: Considero que hay otras formas menos groseras de decirlo…
– Yo: De verdad que no sé a qué se refiere usted…
– Sr. Capullo: A lo de los huevos de gallina… Hay formas menos obscenas de referirse a ellos…
Yo: ¿Y se puede saber cómo los llama usted?
Sr. Capullo: Pues huevos de corral… Sea como sea, no me ha parecido una atención correcta y no quiero que me traigan la comida (Comida que, obviamente, ya se estaba preparando en cocina).

A pesar de no abrir la boca en momento alguno, la cara de ofendida de Sra. de Capullo era de traca, y sus miradas, indescriptibles con palabras, dignas de Instagram.

No sé si fue cosa del destino, intuición o pura suerte sin más, pero mientras preparaba la bebida les había comentado a mis jefes que esta familia no me había dado buenas vibraciones. De hecho, les comenté que incluso les estaba llamando de usted, por lo que cuando les conté la historia, ya estaba prevenidos.

Con buen juicio (a mi modo de ver), me dijeron que no les cobrara nada y les invitara a entrar en el local, para rellenar la hoja de reclamaciones. Las tres partes implicadas en la surrealista situación (clientes, jefes y yo), sabíamos que este último punto era un órdago que no podrían sostener, por lo que la familia de Capullo no hizo ni amago de entrar en el local (por eso comentaba al principio que, de haber sido un camarero de mayor edad, no la hubieran liado).

Eso sí, el Sr. Capullo no podía irse sin dejar su lección moral, esto es, la última palabra:

Sr. Capullo: Desde luego, no pienses que vamos a volver a este local. Es más, vamos a decir a todos nuestros amigos, que son muchos, que no vuelvan a venir… (Nota aclaratoria 2: Era la primera vez que les veía por allí).
Yo: Que pasen buena noche…
Sr. Capullo: ¿Encima te cachondeas…? Más te valdría aprender modales, si no quieres ser camarero toda la vida…

En fin. Dicen que cuando el tonto coge la linde, la linde se acaba y el tonto sigue. No sé dónde estará este personaje en la actualidad, pero sí sé que la linde se le acabó bastante antes de encontrarse conmigo…

En cuanto a lo de ser camarero. Lo que he aprendido, la gente que he conocido, incluso los Sres. Capullos con los que me he cruzado, hacen que esté más que orgulloso de cada uno de los días que he trabajado, durante más de 10 años, detrás de una barra.

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Ronda Musical…

Cuando escuchas una canción por primera vez, y se te queda en la cabeza, puede ser bueno o malo… depende de la canción (aquí tienes un ejemplo). No obstante, lo que he tenido con ‘Drive By‘, ha sido una más que grata sorpresa. La escuché por primera vez viendo el anuncio de San Miguel 0’0 para su nueva campaña, en la que salen los hermanos Gasol, y rápidamente la busqué para ver de quién era, por lo que me llevé una nueva sorpresa, pues sus autores son Train.

Esta banda norteamericana, con casi dos décadas de carrera, tiene canciones que pueden llegar a estremecer. ¿Que no te lo crees? No tienes más que buscar en la sección Ronda Musical de la Página PrincipalDrops of Jupiter‘ y, sobre todo, ‘Hey Soul Sister‘… eso sí, siempre después de escuchar este increíblemente adictivo ‘Drive by‘…

Autor: Jesús Redondo Consuegra
My Twitter – @JesusRedondoCon
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28 pensamientos en “No hay huevos… de gallina…

  1. Menos mal que los capullos no se incuban, sino sería un Sr. capullo-huevo.
    Buen día.

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