Pon una perturbada en tu vida (II)

Ante la avalancha de peticiones, ruegos, incluso amenazas recibidas, no me queda más remedio que desvelar el ‘inesperado‘ final de mi relación con la puta perturbada propietaria del Golf Negro del que, aunque no lo creas, recuerdo perfectamente la matrícula. Obviamente, no la haré pública, porque te conozco y sé que clamarías venganza… No es necesario, en su conciencia irá lo que hizo y seguro que no le deja dormir por las noches (modo ironía on). Pero… ¿qué es lo que hizo?

Primero que nada, vamos a situar a los actores principales de la película. Por un lado, la familia perturbada Mason Monster había retirado su coche, dejándolo donde no molestaba. Mi compañera, aún estaba flipando por la situación, al borde de un ataque de ansiedad y con lágrimas en los ojos. En cuanto a mí, y a pesar de lo extremo y bizarro de la situación, estaba extrañamente tranquilo, pues pensaba más en llegar al trabajo que en seguir discutiendo. Eso sí, mi hostia me la llevaba puesta y sin envolver. De refilón, pero hostia.

Teniendo en cuenta que el reloj marcaría ya las 14:20 horas, en cuanto apartaron el Golf, me puse en movimiento, pues no sólo tenía que cambiarme, había que encontrar sitio para aparcar. Si ahora que te cobran 2 euros por hora, es imposible estacionar en el entorno de Atocha, imagina cuando era gratuito (snif, qué tiempos aquellos). Bien, creo que ya comenté en el anterior post, que ese día el destino estaba puñetero conmigo, ¿verdad? Pues para rematar la faena, a escasos 20 metros de la zona del incidente, encontré un sitio inmejorable (donde está el coche blanco en el mapa de debajo). Un riesgo, sí, pero no podía buscar otro más alejado y perder media hora, como ya me había pasado en algunas ocasiones.

Así que, dicho y hecho, mi coche aparcado a tres pasos de la zona 0, por lo que un nuevo encontronazo era inevitable. Una situación que estaba dispuesto a minimizar en lo posible, pasando de largo y sin dirigir la palabra a ninguno de estos elementos. Una opción que, como estás a punto de leer, ellos no compartían:

Señora: “¡Tú, puta, ¿te sigues riendo? Al final te voy a tener que dar una hostia! ¡Y tú, cabrón, mira cómo has dejado el cuello a mi padre…”

Las cosas como son, el señor tenía el cuello rojo, pero como toda la cara, y supongo que sería de la tensión acumulada, porque yo lo único que le agarré fueron los brazos, para que dejara de golpearme.

Yo: “Pero si no le he tocado el cuello en ningún momento…”
Señora: “Como que no… Te voy a denunciar. Te voy a sacar hasta la última peseta que tengas…”

De nuevo, un inquietante y familiar pensamiento volvió a rondar mi cabeza: “A que termino pasando la noche en el calabozo, sin comerlo ni beberlo…”. A pesar de todo, en un momento de lucidez repentina, deduje que, en caso de denuncia, se vería que no le había agredido o forzado. Mucho menos en el cuello. Pero, mientras yo pensaba en mi alegato de defensa ante el juez, surgió de la nada una frase, que me enfadó más que todo lo ocurrido hasta ese momento. La responsable fue una vecina de la zona (al más puro estilo ‘Vieja’l Visillo’), que no había visto nada del encontronazo, porque había sido en la calle perpendicular, a pesar de lo cual se vino arriba por banderillas y aseveró con firmeza:

‘Carme Tomentodo’ – “Es que, cómo sois los jóvenes… Mira que pegar a un señor mayor…”.
Yo: “Señora, usted no ha visto nada y no tiene ni idea de lo que ha pasado, pero yo no le he tocado…”
–  ‘Carme Tomentodo’ – “Como que no, mira como tiene el cuello…”

Ahora conocemos el origen...

Pocas veces en mi vida he tenido que forzar mi capacidad de autocontrol hasta el extremo que lo hice en ese momento. Ahí recordé el plan inicial: pasar de largo. Y eso hice. Agaché la cabeza, enfilé la calle y me dispuse a dejar atrás la sarta de gritos y exabruptos que me proferían.

A pesar de todo, y justo antes de empezar a andar, me percaté que la nieta estaba justo en mi trayecto. Así que, en un arranque de dignidad y madurez (me vine yo arriba en ese momento), me acerqué a ella y le dije, bueno, intenté decirle: “Lamento mucho que hayas tenido que ver este espectáculo…”. Y matizo que intenté, porque al pronunciar el ‘La’, de ‘Lamento’, la niña se puso a gritar que me fuera de su calle (sí, la vía se llamaba Avenida de la Niña Chillona) y que les dejara en paz. Eso hice, no sin antes esbozar una sonrisa por el primer pensamiento simpático y bromista que me pasaba por la cabeza desde que comenzó la bronca. Un indicador más para pasar página y abandonar la zona.

Fin de la historia… es lo que, de nuevo, me gustaría poder decir, llegado a este punto pero, como creo haber comentado en varias ocasiones, ésta es una de las señora más perturbadas con las que me he encontrado en mi vida y, obviamente, tenía que decir la última palabra.

Una palabra que, en realidad, no llegué a entender porque en vez de decírmela a la cara, decidió escribirla en el 70% del capó de mi coche. Como lo oyes. La hija de una hiena señora, reitero, de unos 40-45 años, no tuvo una idea mejor que coronar una escena surrealista, bochornosa y lamentable, delante de su hija y de su padre, con un ‘Picasso‘ en el capó de mi coche. Como diría aquél… ‘Cágate lorito, en un túper de alitas de pollo…’.

El mío no tenía insultos, ni faltas, pero sí era bastante más abundante...

Por suerte, el coche que tenía en aquel momento era un Ford Fiesta que, a sus 15 años, estaba más cercano a ser carne de desguace que un coche útil. Su promedio fue de una avería al mes, y le tuve nueve, por lo que el disgusto quedó en esto, una anécdota para contar en un blog, una década después. Y éste sí que es el final de mi ‘affaire‘ con la ‘Perturbada del Golf‘.

Para el anecdotario quedará que, semanas después, me la encontré dejando el coche mal aparcado en el mismo sitio, aunque ella no se percató de que yo pasaba o de que aparqué a unos 50 metros de ella. Pues bien, no he visto a nadie sacar la compra más rápido en mi vida. Tardó como dos segundos en descargar el maletero y los asientos de atrás, que traía llenos de bolsas. Obviamente, tenía miedo de que pudiera hacerle algo a su flamante y recién estrenado Golf (matrícula BLP), que no tendría más de seis meses. Vivir un tiempo con una paranoia semejante, me pareció un justo castigo por convertir mi coche en una obra de arte abstracto.

La moraleja del asunto se resume en que, por muy puñetero que sea el destino, siempre vendrá la justicia divina para equilibrar la balanza… o casi siempre.

PD: Seguro que ahora mismo te estás preguntando… ¿y cuál era ese pensamiento simpático y bromista que te pasó por la cabeza cuando la niña empezó a gritarte? Muy simple: “Hay cantera”.

Enlaces relacionados:
Pon una perturbada en tu vida (I)

Ronda Musical…

Mientras escribía el post, iba pensando en alguna canción que pudiera relacionar con el asunto, pero creo que el punto y final del texto debe servir para dejar en el cajón de las anécdotas incómodas, sección ‘L’ (Locos), a la señora del Golf. Así que me he decidido por un tema de ‘The Smashing Pumpkins‘, incluido en su álbum ‘Mellon Collie and the Infinite Sadness‘, de 1995… casi nada. Espero que te guste…

Autor: Jesús Redondo Consuegra

22 pensamientos en “Pon una perturbada en tu vida (II)

  1. Tu eres bueno en mucho sentidos, pero sobre todo “buenitonto” por que ,sabiendo como sabias el sitio, coche, ventaja de la cotilla, yo le hubiera dejado un regalito encima del coche o ruedas. Menos mal que no tenia un todo terreno…. Dios da pan a quien no tiene dientes.

  2. Te aseguro que fue mucho más satisfactorio saber que estaba paranoica por si la perseguía, que todo lo que le pudiera haber hecho a su coche! Justicia divina!!!

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  5. hola jesus, voy a ser muy sincero, me estoy “destornillando” dentro del drama, que fuerte y que peligroso, aterrador y espectacular, con la primera primera parte, me parece una situación que supera a las situaciones almodovariana, creo que ralla el “gore latino”….ahora, eso si, en la segunda parte, tal como lo ibas narrando y con la reacción de la hija, ahí se me ha puesto la piel de gallina, los pelos de punta, pues esa reacción no la esperaba….lo cual, mi “deshueve” se ha convertido en una trago de saliva profundo.

  6. Ahora, visto con la perspectiva que dan los años, también me lo tomo un poco a cachondeo, pero debo confesar que las pasé muy putas!!!

    Por cierto, me ha encantado lo de ‘gore latino’, yo no podría haber definido mejor la situación!!!

    Muchas gracias por tus palabras Óscar, me alegro mucho que te haya gustado el blog y espero que las entradas venideras (así como las ya escritas) te sigan gustando y tengan mejor final que ésta, jejeje!!!

    Un saludo!

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  21. Joder, tio; que bien escribes…. pero que poca sangre. Yo me enfadé por la situacion y no me pasó a mi…. Espero que tu karma como dices, les haya pasado factura, sino esos lo tienen claro: acojonar al de enfrente que no pasará ná.

  22. Snyrar no es que tuviera poca sangre, sino que pensé que la opción 2.0 tendría más repercusión que la hoja de reclamaciones! Al final ha sido así!

    Mi intención no es ir contra los trabajadores ni contra el sistema, tan sólo quiero recibir un trato adecuado, como he dado yo cuando he estado de cara al público!

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