Pon una perturbada en tu vida (I)

13.57 horas; número 41 de la calle de Las Delicias de Madrid; un soleado día de mayo de 2002. Tras una visita inesperada a Urgencias, llegaba tarde a trabajar en el Restaurante Samarkanda, donde entraba a las 14.00 horas. Cierto es que estaba ya al lado del local, pero tenía que encontrar sitio para aparcar, algo complicado por aquella época en la que todavía no había ‘zona azul‘, y cambiarme. Lo dicho: llegaba tarde. Lo que no sabía es que los cinco minutos de retraso con los que contaba, se iban a convertir en casi una hora, porque el destino quiso cruzar mi camino, con una de las personas más perturbadas que me he echado alguna vez a la cara.

Todo comenzó cuando el coche de delante mío (un Golf negro) se paró, en la citada calle (de un solo carril y dirección única), para dejar las bolsas de la compra en el portal. Obviamente, no iban a tardar mucho tiempo, pero sí es verdad que con situar el coche 10 metros más adelante, en el cruce con la calle del General Lacy, habrían dejado paso al resto de vehículos.

Yo: Oiga, ¿Puede dejar el coche un poquito más adelante?
Señora: ¿Qué pasa, tienes prisa?
Yo: Pues sí, llego tarde a trabajar…
Señora: (Cabreada y gritando) Pues ahora voy a tardar más… (mientras pronunciaba esta frase, dejaba de nuevo en el maletero las dos bolsas que ya había cogido…)
Yo: (Póker Face + WTF + LOL…)

El coche de la discordia...

Tan noqueado me dejó la reacción de la señora, que mi incredulidad disipó por momentos el enfado y los nervios que me atenazaban. Pero el destino estaba puñetero conmigo ese día, y quiso que el coche de detrás mío pitara de forma reiterada, mientras yo comenzaba a volver en mí. Y menos mal porque, pensando que era yo quien hacía sonar el claxon, el padre de la señora (un hombre de unos 70 años), bajó del asiento de copiloto y se lanzó a pegarme (sí, a pegarme), al grito de: “Que no le pites a mi hija…” o “Sal del coche que te voy a tocar la cara…“. Como lo lees.

En ese momento, consideré que lo más razonable era permanecer en el coche, no hacerles caso y esperar a que se fueran. Craso error. El señor me ‘calzó una hostia‘ por la ventanilla, de refilón, pero hostia. Obviamente, ahí me bajé del coche, para sujetarle las manos, que se tranquilizara y dejara de lanzar golpes. De nuevo, craso error. La señora (de unos 40-45 años), comenzó a vociferar: “Pero ¿qué haces? No pegues a mi padre…“. Entre los miles de pensamientos que cruzaron mi cabeza en ese momento, hubo uno que me acojonó bastante: “A que termino pasando la noche en el calabozo, sin comerlo ni beberlo…”.

Es posible que, según lo estoy contando, creas que exagero en algunos puntos o que me lo estoy inventando. Pues bien, te aseguro que esto ocurrió tal cual. Surrealismo, hostia, gritos y demás incluido.

A todo esto, el cabrón conductor del coche de detrás, quien había pitado y originado la bronca, estaba encerrado en su vehículo como una sucia rata cobarde. Entre tanto, a la compañera que iba conmigo, a la que había ido a recoger a Urgencias, y que se había mantenido al margen en todo momento (estaba indispuesta), también le cayó una amenaza de la buena señora: “Tú no te rías, que te quito la sonrisa y las gafas de la cara con una sola hostia…“. Poesía pura…

La discusión concluyó cuando, después de unos minutos de forcejeo con el padre, y de intentos infructuosos de razonamiento con la señora, apareció la hija de ésta con cara de: “Mamá, ¿otro día más de movidas con extraños?” (sí, era cara de enfado y resignación, ante una situación nada anormal para ella). Ahí aproveché para sacar ese demagogo/conciliador que llevo dentro y decir: “Mira el espectáculo que estás dando delante de tu hija…”. Ciertamente, no sé si el agotamiento también influyó, pero tanto señora como padre se calmaron, se metieron en el coche y, caprichos del destino, lo aparcaron donde les había sugerido yo desde un principio. No comment…

Fin de la historia… es lo que me gustaría poder decir, llegado a este punto, no obstante, como he matizado al principio del post, ésta es una de las señora más perturbadas con las que me he encontrado en mi vida… ¿Realmente crees que iba a dejar terminar así la historia? Está claro que no. Como también está claro que el final de mi ‘affairecon esta arpía perturbada, te lo contaré en el próximo post

Continuará…

Ronda Musical…

“No estoy loco, sólo un poco mal…”. Así comienza el estribillo de esta canción de Matchbox 20, una banda estadounidense, liderada por Rob Thomas, que tuvo varios momentos de gloria hace ya algunos años…

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Doble fila… porque yo lo valgo… 

Autor: Jesús Redondo Consuegra

20 pensamientos en “Pon una perturbada en tu vida (I)

  1. Me he reido como hace tiempo, mi compañera al oirme y verme como se corria el rimmel ha dicho: comparte !!!! alla voy.
    Tanta prima y tanta leche, un poco de humor aunque sea negro viene genial.
    Un beso

  2. No se que decir, porque sé que todo es verdad, pero realmente creo que las situaciones más inverosímiles, te han ocurrido a tí.
    Un beso.

  3. Aunque parezca humor negro, esto es como Gran Hermano… la vida en directo! Eso sí, me alegro que te haya gustado, para esto estamos, jeje!

    En cuanto a mis situaciones inverosímiles… qué decir, tengo un imán para ello y después de tantos años, lo mejor es asumirlo! Todo sea por seguir teniendo historias que contar en ‘La Última Ronda’!!!

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