Examen para teleoperador…

A lo largo de nuestra vida laboral, más o menos discontinua y variada, al menos en mi caso, vamos dejando atrás empleos, personas, lugares, anécdotas, y un sinfín de historias que, por muy malas que sean, siempre intentamos recordar con cariño.

Bien, pues éste no es el caso. Será porque está demasiado reciente en el tiempo o, básicamente, porque el puesto era una ‘mierda’ (hablando mal y pronto), pero mi última experiencia laboral, además de durar cuatro días, ha tenido más sombras que luces. Y es que, cuando tienes que hacer un examen de dos horas, para acceder a un puesto de trabajo, y que éste no sea como mínimo de funcionario, mal empiezan las cosas.

Todo comenzó después de varios meses parado, empecé a agobiarme, y decidí (por error), aplicar a ofertas de trabajo de todo tipo, especialmente de camarero y de teleoperador, pues tengo experiencia anterior en ambas.

Así, días después de mi arriesgada decisión, el destino quiso que, en vez de llamarme TVE para presentar el Informativo (obviamente, seguía postulándome a las ofertas de periodista), me llamaron de una empresa de venta telefónica de ADSL. Concretamente, lo hizo su coordinador de tarde, quien me citó para el día siguiente.

Todo fue muy rápido. Entrevista grupal con otras 80 personas, entre los que salí seleccionado para, un día después, hacer un curso de formación de tres horas, en el que leímos, de forma somera, un ‘tocho’ de 150 folios de apuntes, referentes a los productos,  las ofertas, los precios, la forma de abordar al cliente… Un curso que alcanzó su cénit un minuto antes de irnos, cuando el coordinador comentó: “Estudiaros bien los apuntes (reitero, 150 folios), que mañana hacemos un examen…”. ¿Estamos locos? ¿Un examen? ¿Se creen que un teleoperador es la persona que opera por teléfono?

Pues no quedó ahí la cosa. El examen, como ya he comentado, me llevó dos horas y seis folios por las dos caras. Vamos, una docena de caras. Pero lo mejor estaba por venir. “Has aprobado, ponte en este ordenador, y a llamar a clientes…”. Una orden que hubiera quedado en anécdota, si no fuera porque, hasta ese momento, no había visto los ordenadores de la empresa a menos de 10 metros.

Y si el curso teórico duró tres horas y el examen dos, el ‘Tutorial informatico’ sobre la aplicación que usaba la empresa no llegó a dos minutos. “Aquí te sale el nombre; aquí el teléfono; y aquí anotas lo que quieras…”. A volar… Desde luego, el concepto ‘Formación’ es una variable con infinitas acepciones, que cada persona coge como le interesa.

No obstante, el remate de esta disparatada charada laboral llegó, de forma tan abrupta como sorpresiva, diez minutos después de mi estreno, cuando el simpático coordinador, se transformó en un hooligan gritándome a ‘dos milímetros escasos’ de mi oreja, que cómo había dejado escapar al segundo cliente con el que hablaba. “¿Pero si no sé ni lo que vendo todavía?”. Unas represalias que se repitieron, de forma cíclica, cada escasos cinco minutos, durante el tiempo que estuve en la empresa, que repartí entre el asombro de la situación y el agradecimiento al fabricante de los cascos, por su capacidad de aislamiento, pues salvó mis tímpanos de algo grave y permanente.

Al cuarto día decidí dejar el empleo, pues la retribución no merecía tanto la pena como para aguantar a dos ‘dementes’ trepanándote el cerebro en estéreo. Y es que, de vez en cuando, la directora salía de su despacho para ‘echare unas voces’ y, acto seguido, volvía a su guarida. De hecho, mi  primera interacción con ella (no confundir con conversación), fue como reproduzco a continuación, a la media hora de ponerme los cascos por primera vez:

Directora (gritando) entra en la sala: “Chuchi (éramos tres con el mismo nombre, y había que distinguir…), todavía no te has estrenado…”.
Jesús (en tono bajo al compañero) y cariacontecido: “Sabrás tú lo que hago en mi tiempo libre… Por cierto, ¿quién es ésta?”
Compañero: “Es la jefa de todo… la directora…”.

Una directora cuyo tono, agudo como el canto de una cigarra a 50º, hacía que su voz se introdujera directamente en tu cerebro… Algo insoportable.

No obstante, no creas que la decisión que yo tomé de abanadonar el trabajo era algo habitual. Al contrario. A algunos no les daba ni tiempo. De hecho, el viernes que empecé a trabajar, en el turno de tarde, estábamos 19 teleoperadores. El martes, tres días laborables después, y mi último día, quedábamos ocho. El volumen de despidos era espectacular y el motivo no era otro que los inalcanzables objetivos de ventas marcados por la empresa. Unas cifras distintas a las que me dijeron en la primera entrevista, y otro de los motivos de mi precipitada salida.

Lo bueno de esta experiencia es que el próximo puesto de trabajo, por muy malo que sea, me hará sentir como si estuviera en el paraíso…

Autor: Jesús Redondo Consuegra

9 pensamientos en “Examen para teleoperador…

  1. Buena experiencia, para apreciar otros trabajos, aunque sea de barrendero, que al menos la escoba no “trepanará” los oidos.
    El desenlace de tu experiencia, muy rápido ¿se te fué la luz?.
    Buen día, y suerte. Ah!! hoy es Sta. Flora.

  2. Venga chico mío… con lo que tú vales, busca algo mejor,donde al menos ‘pisoteen’ con discreción (eso todos los días puede pasar en nuestra profesión)…. Miles de besos… Te quedarías al menos los cascos no????? Por si alguien sube el tono y no quieres aguantar más. MUAC. Me encanta tu blog. Es fresco!!!!!! Y muy real.

  3. Precisamente porque he tenido tropecientos puestos distintos, y por mi situación actual, he aprendido a valorar cada trabajo que he tenido y en éste, te puedo asegurar que era Santa Fauna todos los días…

  4. Lo cierto es que no pensé en las aplicaciones tan útiles que tenían los cascos fuera del entorno teleoperador, pero vamos, no me llevé nada de nada.

    En cuanto a buscar algo mejor… ahora mismo, con la que está cayendo, con que me salga algo donde no me griten, me vale.

    Muchas gracias por seguirme y por tu palabras Cris. Me alegra mucho que te guste porque, de momento, vas a tener blog para rato, jejeje!!!

  5. Por fin alguien (que aunque sea desde fuera) denuncia en este caso las voces, en otras son voces apagadas tipo “jesuitas”, en otras miradas, que sufrimos ultimamente los trabajadores, en fin paso a paso, volveremos a los grilletes.

  6. Ojo, no quiero generalizar. He pasado por muchos sitios, y en algunos he estado mejor, y en otros peor, pero éste, concretamente, era una absoluta vergüenza y, lo peor de todo, es que no tenía vista a cambiar a corto/medio plazo…

  7. Trabajé de teleopeador veinte días, y como no hice ni una sola venta mi jefe me llamaba hijoputa para motivarme.

  8. Jodo! En mi caso sólo llegué a cuatro días de trabajo, pero no descarto que los insultos y las descalificaciones hubieran empezado a partir del sexto día, al menos viendo el carácter de mi jefa! Sea como sea, si un jefe debe recurrir al insulto para la motivación, está claro que no vale para el puesto!

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