¿Pintas mi casa o la Capilla Sixtina…?

Si todo va bien, y tras cerca de una docena de fines de semana, el próximo domingo terminaremos de pintar nuestra casa con, ni más ni menos, tres motivos de alegría por ello. La satisfacción de haberlo hecho nosotros; el hecho de que haya quedado bien (con matices); y, el más importante de todos, nos hemos ahorrado una pasta, a tenor de los presupuestos que teníamos.

Y es que, no os llegáis a imaginar la pasada de presupuestos que me dieron el año pasado, cuando todavía nos planteábamos que alguien nos hiciera la reforma. Obviamente, eso era cuando tenía trabajo, supuestamente estable…

De hecho, la primera ‘hostia’ vino con recomendación y a través de una amistad, por lo que fue doble: por lo cara y por lo inesperada. Ni más ni menos que 6.450 euros (7.611 euros con el IVA), por pintar una casa de 105 m².

Naranja + amarillo...Esta oferta se hace, si cabe, más cara, cuando el empresario acude a tu casa acompañado del supuesto pintor, un personaje al que le veía un palmo de tripa, pues la camiseta era dos tallas más pequeña; otro tanto de culo (los pantalones le llegaban por las rodillas), y que, para colmo, olía como si llevara sin ducharse desde 1997. Esto es verídico como que Terelu es hoy portada de Interviú.

No obstante, y como éramos completamente nuevos en el ámbito reformas, decidimos pedir más presupuestos. Como parece obvio, las siguientes ofertas mejoraron la que teníamos. Eso sí, el destino aún nos tenía reservada una sorpresa más en forma de ‘clavo pinturero’.

Y es que, si las dos siguientes propuestas nos parecieron más sensatas (2.800 euros y 1.800, esta última sujeta a que los colores fueran suaves), la cuarta en discordia es la que ha inspirado el título de este post.

Era naranja, pero quedó rosa...Para empezar, el presupuesto tardó en llegarnos más de un mes. Deberíamos haber tomado tal retraso como un augurio. No lo hicimos y, tras 34 días de espera, el representante de una empresa, dedicada a las reformas integrales, nos trajo una oferta para renovar la casa por completo, en la que, algo extraño, la zona del ‘Departamente de Pintura’ rezaba como sigue (textual):

“El presupuesto de este departamento quedará determinado por la calidad de los acabados elegida y el estado de los paramentos antes de su ejecución”.

Para quien no lo entienda, como fue mi caso, y se atreva a preguntar ‘cómo se llama eso realmente’, la respuesta será 8.400 euros + IVA (9.912 euros). Tras tres interminables segundos de perplejidad, asombro, indignación y un amago de infarto, mi reacción fue preguntar al representante: “¿Qué me vas a pintar unos frescos en los techos?”.

Verde Camuflaje...El señor infartante, un profesional como la copa de un pino, ni se inmutó, y me empezó a explicar que ellos daban no se cuántas mil capas de pintura, para dejarlo perfecto no, lo siguiente, que tenían un equipo de 300 ‘Umpa Lumpa’, cedidos por el mismísimo Willy Wonka, y tal y Pascual… lo cierto es que, por menos de ese precio, hemos pintado el garaje comunitario que tiene cerca de 80 plazas.

A estas alturas de la película, todavía no he echado cuentas de lo que hemos gastado en pintar la casa, pero estoy seguro de que el presupuesto final ha quedado muy alejado de cualquiera de los cuatro comentados. Eso sí, tendré gotas de pintura escondidas por mi cuerpo hasta 2015.

Mi recomendación musical para comenzar la semana es un temazo de ‘Depeche Mode’, que escuché por primera vez gracias a la serie Smallville (esectaculares sus bandas sonoras). Además, el título viene al pelo con el tema del post… los ‘Precious’ de la pintura…

Autor: Jesús Redondo Consuegra

3 pensamientos en “¿Pintas mi casa o la Capilla Sixtina…?

  1. Estoy segura que todos los que se hacen llamar pintores se creen clones de “Miguel Angel” eso, o que el señor que hacel el presupuesto se lleva el 50% del mismo, sin ensuciarse las manos.
    Estos son lo intermediarios? habria que suprimir estas figuras, no tiene sentido que sigan existiendo estos parasitos.

  2. Yo creo que se juntan las dos cosas. Por un lado, los hay que se creen Boticellis de la vida y, por otro, el comercial se lleva lo que puede, y un poco más. Al final, no se lleva nada ninguno, por agonías. Eso sí, lo segundo que te dicen al llegar a tu casa, después del saludo de rigor, es que el sector está muy mal…

  3. Pingback: Maldito perito… y sus secuaces… | laultimaronda

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